Sigo vivo, no te preocupes. Ya se que he estado desaparecido por aquí y por allá, pero es que no he tenido tiempo para nada. Este fin de semana hemos tenido la visita de nuestro amigo catalán-chu-chu-chu Alesander, y ya sabes que con él cuando haces pop, ya no hay stop. ¡Vaya bioritmos tiene este muchacho! Pero no te preocupes que ya me he puesto a ahorrar energías para cuando vuelvas a casa por Navidad, como el turrón de diabéticos que vamos a comer este año.
Me gustaría hacerte un resumen de totales sobre todo lo que nos pasó el sábado pero no puedo por dos razones: me acuerdo de poco, y de lo poco que me acuerdo es censurable. Así que tendré que mandarte un burofax con cuatro titulares.

¿Te das cuenta de que cada uno estamos en una esquina de la península de los machos ibéricos? ¿Por qué soy yo el único que sigue en Bilbao? ¿Por qué ninguno de los tres tenemos uno de esos machos que nos sirva a nuestro gusto? No existe explicación racional posible. Tú y yo sabemos que la culpa la tienen mis resacas... Tengo que dejar de beber, definitivamente. Y tú me parece a mí que también, porque por lo que leo en las últimos post que me has escrito cambias más rápido de opinión que los tronistas de Emma García de novia. Pentapolaridad se llamaría nuestro biopic.
Pero como decía tu amiga gallega, aquella que fue a Eurovisión a cantar una canción horrorosa que solo te gustaba a ti,
que nos quiten lo 'bailao'. Viva!
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